Inti Sánchez - Costa Rica
Alrededor de 13.533 Km separan Chile del Líbano. A pesar de esta distancia, en las últimas semanas en ambos países surgieron movilizaciones populares que están poniendo en jaque a sus gobiernos. En el Líbano estalló por la propuesta de poner un impuesto a las llamadas vía WhatsApp y en Chile por el aumento en el pasaje del metro. En ambos casos, esas demandas son sola la punta del iceberg relacionado con el verdadero descontento social que se vive hacia los gobiernos; gobiernos que han avanzado en propuesta para privatizar y poner más impuestos a la mayoría de los servicios. 

Importante notar que ambos son considerados países modelo en sus respectivas regiones. Chile es considerado una de las economías más sólidas de Latinoamérica (siempre en crecimiento durante los últimos años). Mientras que el Líbano es mostrado como un ejemplo de convivencia entre las diferentes religiones y sectas que forman parte del Medio Oriente. Veamos los dos casos.
“El milagro Chileno”
Las medidas impuestas por el militar Augusto Pinochet luego del golpe de estado a Salvador Allende en 1973, abrieron una nueva era de liberación económica en Chile. Dejaron un crecimiento económico sin precedentes incluso para la región Latinoamericana. Pero esta riqueza siempre estuvo en manos de unos pocos y la desigualdad social se mantuvo igual que el resto de países latinoamericanos. De todas formas los sectores más liberales siempre han puesto a Chile como un ejemplo. 
En un artículo, escrito en mayo de este año, por uno de los defensores del sistema chileno, poniéndolo como ejemplo para Venezuela mencionaba: 
“De acuerdo con el Banco Mundial, Chile ha sido una de las economías latinoamericanas que más rápido ha crecido en las últimas décadas, debido principalmente a un marco macroeconómico sólido, que le ha permitido reducir la proporción de la población considerada pobre (5,5 dólares por día). De igual manera, y de forma comparativa, Chile ha seguido gozando de una prosperidad económica ejemplar para el contexto latinoamericano desde su regreso a la democracia en 1990. Logró un crecimiento de 4% en 2018, el mayor en cinco años, gracias al renacer de la inversión interna. Asimismo, el Fondo Monetario Internacional estima que en 2022 Chile será el primer país de la región en alcanzar un PIB per cápita de 30.000 dólares dólares, similar al de algunas naciones europeas como Hungría o Portugal.”
El problema surge cuando los datos y números chocan con la realidad, puede ser que más población esté por arriba de los 5,5 dólares diarios y sin embargo estos sigan sin alcanzarles para vivir bien. 
Incluso pocos días antes de que las protestas estallaran, el actual presidente chileno Sebastián Piñera señalaba que Chile era un oasis en un Latinoamericana convulsiva. Es un oasis donde las pensiones, la educación y el sistema de salud, todos están en manos privadas con intereses elevados que terminan ahogando a la población pobre. El siguiente ejemplo por el periódico El País es muy esclarecedor: 
“El caso de Raquel Sotomayor, de 30 años y residente en Puerto Montt —más de 1000 kilómetros al sur de Santiago—, y su marido es paradigmático en tres aristas del problema social chileno: empleo, coste de la vida y educación. Egresada hace dos años de la carrera de asistente social en un instituto profesional, tiene dos hijos pequeños –de uno y dos años– y no encuentra trabajo. Su esposo, Jonathan (31 años), cobra 420.000 pesos chilenos (poco más 500 euros, en línea con el sueldo que recibe la mitad de los chilenos: 485 euros mensuales o menos, según los datos recopilados por la Fundación Sol) como profesor de Educación Física. Para poder estudiar en una universidad pública, tomó uno de tantos créditos con aval del Estado que los estudiantes chilenos adquieren con los bancos. “Nació nuestra niña, se atrasó en una cuota y después subió al doble la cuota mensual. Sumando los intereses, se nos hizo imposible pagarla”, narra Sotomayor. Su deuda sobrepasa hoy los 11 millones de pesos y crece con los días por los intereses (unos 13.370 euros). En abril del año que viene será ella la que deberá empezar a pagar su crédito sin siquiera tener un trabajo.”
Estas contradicciones saltaron en las pasadas semanas y han hecho que “el oasis latinoamericano” se envolviera en llamas tal y como lo muestra la prensa. El presidente Piñera retrocedió con todas las medidas que había impuesto, cambió el gabinete, subió el salario mínimo, congeló los precio por año y aun así las movilizaciones no se detuvieron. Lo que ha hecho que en este punto tenga que hacer un llamado por una nueva constitución
La gobernabilidad Libanesa o de la “Suiza del oriente”
Mientras tanto en este lado del mundo, el Líbano ha sido puesto como ejemplo de coexistencia religiosa y hasta hace poco era conocido como la “Suiza del Oriente” por ser el centro financiero de la región.
Recordemos que el Líbano es el país Árabe con más cristianos y que además se ha puesto como un ejemplo de libertades democráticas comparado con los otros países de la zona. Ya que tiene un gobierno con cuotas para los partidos, sectas y brazos armados que componen el país. Sin embargo, las protestas que empezaron hace varias semanas y cuya principal causa se ha vuelto contra la corrupción estatal, el mal manejo de la economía y la falta de servicios públicos. Estas protestas ya han hecho  dimitir al primer ministro Saad Hariri. No es la primera vez que lo hacen. Lo que deja ver que existe un acuerdo de gobernabilidad pero para la corrupción. 
Para terminar de aumentar la indignación Saad Hariri, también, fue acusado por dar más de 16 millones de dólares a una modelo Sudafricana de 20 años en el 2013, con la que según mantenía una relación. Esto se reveló este año y ha sido un detonante más al descontento ciudadano en las protestas. Porque ¿cómo puede que, mientras tantos no tienen donde vivir y con refugiados sirios por todo el país, el tres veces gobernante pueda hacer estos despilfarros? 

Foto tomada de El Español

Repasando, ¿Que tienen en común?
Son países que han sido considerados “modelo” en sus respectivas regiones, pero que, sin embargo, tienen profundas crisis internas a pesar de dichos  reconocimientos. 
Las protestas comenzaron por pequeñas reformas (aumento de metro en Chile, impuesto sobre las llamadas de whatsapp en Líbano), que detonan el descontento general por los problemas más graves: corrupción, acceso a servicios básicos, impuestos muy altos, desigualdad social, etc. 
El descontento se manifiesta en las calles. Con enfrentamientos con las fuerzas policiales como factor común. 
Los dos gobiernos se han visto obligados a retroceder en las medidas que detonaron los procesos, pero a pesar de eso las movilizaciones continúan.
En ambos países ningún líder o partido político ha podido adueñarse de la dirección del movimiento, como en pasadas ocasiones. Lo que ha dejado a los manifestantes en un enfrentamiento directo contra todos los miembros de sus gobiernos. 
Son procesos que a pesar del tiempo continúan (varias semanas en ambos casos) y demuestran la gran disconformidad del pueblo ante la situación actual. 
Aun después de semanas de manifestaciones en ambos países han habido, muertos (ya se reportó el primer muerto en el Líbano y más de 20 en Chile), incendios y baleados. La situación en ambos países no se ve todavía clara o que se vaya a aclarar pronto.
¿Qué podemos aprender? Las crisis de los pueblos no conocen fronteras
El hecho de que países que son puestos como ejemplo sufren estas crisis, significa que la pobreza, la falta de oportunidad y de acceso a servicios básicos, no conoce de fronteras. Y que, por más que se nos trate de separar entre países, regiones o religiones los problemas son los mismos y la reacción de los afectados también. 
Del mismo modo estos movimientos deben servir de la solidaridad y empatía entre pueblos. Los problemas que enfrentamos son los mismos tanto en Latinoamérica como en Medio Oriente, el estado de confusión e incertidumbre también. 
En Haber Latino creemos que en estos tiempos donde las distancias se acortan gracias a la tecnología es cuando más tenemos que promover esa empatía. Que aunque se nos muestre de diferentes religiones, idiomas, culturas en el fondo las alegrías, problemas y luchas son las mismas y que pesar de la distancia es más lo que nos une que lo que nos separa. 
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