Jonathan Rios - El Salvador.
La crisis del COVID-19 no pudo haber encontrado buen tiempo para surgir. Cualquier momento del año hubiera resultado en lo que es, una catástrofe sin precedentes. En el mundo musulmán ha cruzado pasos con el mes santo de su religión, el ramadán. 
Como hemos explicado en artículos anteriores. Este mes funciona como una pausa para los musulmanes de todo el mundo para empatizar con sus hermanos y para reflexionar. Este año, varias personas dicen que sus rezos van dirigidos al control de la pandemia y también para que la gente deje de morir. Se ven afectados por la crisis global y por no poder no compartir con su comunidad en la mezquita.
Este tiempo es normalmente un espacio de introspección personal que ocurre afuera de las dinámicas políticas y económicas globales. El coronavirus sin embargo, rompe este paradigma al hacer inevitable la reflexión obligatoria acerca de la coyuntura actual. En estos tiempos tan críticos es importante que la comunidad musulmana al igual que todos nosotros, consideremos como el COVID-19 puede ser aún más letal, arrasador e injusto en diferentes contextos. 
Por ejemplo, su efecto devastador en Yemen, con su guerra civil, junto al rol de Arabia Saudita como principal actor en dicha guerra son dignos de esta reflexión y nos pueden hablar a voces acerca de nuestra realidad.

Musulmanes en Ramadán siguiendo las medidas del distanciamiento social. 

Víctima y victimario.
Al sur de la península árabe existe Yemen, con forma de rectángulo, que aunque es parte de África y Asia cumple al pie de la letra cualquier idea acerca del Medio Oriente con su valles áridos y vastos desiertos. Yemen ha sido víctima de una guerra civil similar a la de Siria, dónde brotes de protestas en la primavera árabe se tradujeron en vacíos de poder a ser llenados por actores más grandes que lo convirtieron en campo de batallas geopolíticas. Una guerra que ha convertido, al que era ya el país más pobre de la región, en la peor crisis humanitaria de nuestros tiempos. 
Es desgarrador solo pensar en el efecto que puede tener aquí un virus que ha subyugado incluso a los países con más recursos. Hablamos de un país donde sólo 1/3 de la población está conectada a una red de agua corriente, en donde 20 millones no tienen acceso a servicios de salud básicos y donde 15 millones sufren de inseguridad alimentaria.
Aunque se alega que el virus tuvo entrada a Yemen por medio de ciudadanos saudíes, el multimillonario reino no se ha quedado corto en promocionar su ayuda humanitaria a su vecino. Con actores como las Naciones Unidas alabando sus intervenciones humanitarias. Ayuda que es crítica considerando que países como Estados Unidos han cortado su ayuda a Yemen en un tiempo tan crítico
Agradecimientos de carácter hipócritas al considerar que la ONU comenzó a recortar salarios de personal médico en Yemen en las últimas semanas y miopes al agradecer al mismo país que ha bombardeado a 70 centros de salud desde que inició el conflicto y el cual ha gastado un estimado de 100 mil millones de dólares en 5 años de guerra. La ayuda son 500 millones de dólares. 
En contraste, esta es la misma cantidad que el reino ha gastado en las últimas semanas en la diversificación de su portafolio en la industria del entretenimiento en Estados Unidos y poco más de lo que planean gastar en las acciones de un club de fútbol inglés. 500 millones es una burla irónica y desvela las prioridades del reino.
El coronavirus ha hecho lo que el ramadán hace para el musulmán cada año, que es crecer los vínculos entre nuestra sociedad por medio de la empatía. Para la comunidad musulmana al igual que la comunidad internacional es importante utilizar esta empatía tan universal para exigir cambios estructurales y denunciar a los actores que trabajan no en por sino en contra del bien común y de los más vulnerables. 
Haber Latino es una iniciativa periodística independiente que busca conectar dos mundos que se muestran distantes, el Medio Oriente y Latinoamérica, explotandolos desde nuestra perspectiva
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