Por Jonathan Rios Luna - El Salvador. 
En Haber Latino buscamos conexiones entre dos regiones que se van lejanas, el Medio Oriente y América Latina. Indagamos por nexos que puedan incitar la comunicación y colaboración que consecuentemente conlleven a un beneficio mutuo. A veces, nos tomamos la libertad de moldear y jugar con las ideas de la cultura para cumplir este objetivo. Sin embargo hay comunes denominadores que no necesitan de abstracciones para ser explicadas, los hechos concretos son suficiente para extender un lazo directo.  
Las muertes de periodistas y las condiciones de trabajo en este sector son uno de esos lamentables puntos en común entre ambas regiones y representan un tema que debe ser abordado con urgencia y seriedad para los respectivos procesos de desarrollo y democracia.
PARTE I: Muertes de periodistas.
Según UNESCO 276 de los 495 periodistas asesinados entre 2014 y 2019 provenían del Medio Oriente y los países árabes o de América Latina. Es decir, 1 de cada 2 muertes de periodistas en el mundo ocurren en una de las regiones. Los números, distribuidos equitativamente, junto a los diferentes contextos y condiciones de los países, hacen difícil utilizar una historia modelo para representar las aterradores estadísticas. Lo que sí hacen, es darnos una mirada a la complejidad del problema y la diversidad de casos. 
No es noticia que varios países del Medio Oriente se encuentran, desde hace años, en conflicto y que como consecuencia las condiciones de las periodistas son de por sí riesgosas y susceptibles a violencia. Entre los países con más muertes de periodistas se encuentran Siria, Yemen, Somalia e Irak. 
Siria lidera esta lamentable lista. Durante este quinquenio, la guerra civil siria ha cobrado la vida de 54 periodistas y la Asociación de Periodistas Sirios estima que han sido más de 150 desde que empezaron las protestas que desencadenaron la guerra en 2011. Las listas de muertes presumen de diversidad. Periodistas sirios, fotógrafos estadounidenses, reporteros iraníes, franceses, iraquíes, polacos, kurdos, japoneses por mencionar algunos. Han sido víctimas de ataques turcos, bombas rusas, el gobierno militar de Assad, o también ISIS. Desde periodistas ciudadanos de 17 años a corresponsales de medios como The Guardian o Al-Jazeera
El rol de los periodistas, sus investigaciones y reportajes son críticos para contrarrestar la narrativa que los gobiernos deseen esparcir. Su trabajo es entonces crítico para la intervención de la comunidad internacional. Asimismo, es también de suma importancia para las personas dentro del conflicto. El programa radial HAWA, por ejemplo, reporta acerca de los retenes militares en las calles de las ciudades de Siria o también qué zonas deberían de  ser evitadas. Funcionan como recursos para los ciudadanos que buscan refugio, comida o recursos como electricidad. Reportan acerca de hospitales, precios de la comida y otros bienes esenciales;  información crítica para sobrevivir tiempos de guerra. 
También, existen países que aunque no se encuentran en conflicto (dentro de su país al menos), no son democracias sino regímenes autoritarios o totalitarios. En 2018, el caso que recalcó el problema en la prensa internacional fue el asesinato de Jamal Khashoggi, periodista  saudí y ciudadano estadounidense. Su muerte fue el resultado de un complot directo por Mohammed Bin Salman, el sucesor del rey de Arabia Saudita. El cobarde acto tomó parte en la embajada saudí en Estambul, Turquía. El periodista era un crítico del nuevo heredero del reino petrolero.
Sin embargo, ni un estado en conflicto, ni un régimen autoritario son un requisito previo explícito para explicar las muertes de periodistas al otro lado del mundo. En América Latina las estadísticas se convierten en alarmantes cuando se considera que las muertes ocurren en países de índole democrática y que no están cursando un conflicto armado. Países como México, Brasil, Colombia, Honduras y Guatemala son 5 de los 15 países con más muertes en estos años. 
México, por ejemplo, es el segundo país con más muertes de periodistas dentro de este periodo. Los periodistas, conscientes de las condiciones de la profesión dentro del país, se convierten en víctimas al reportar acerca de corrupción en el gobierno, la actividad con el narcotráfico y el crimen organizado. Según Univisión, desde el año 2000, solo 1 de los casos de los 104 periodistas asesinados ha sido resuelto. A pesar del cambio de mandato, los ataques tampoco han sido cuestión partidaria.  Durante el Gobierno de Manuel López Obrador se cuentan al menos 15 muertos o desaparecidos.
Las muertes de los periodistas, el silencio, falta de acción, impunidad y deliberada persecución de estos profesionales reflejan una crisis regional de la libertad de prensa. Según Freedom House, una ONG que calcula la libertad de prensa en el mundo sólo 6 países en Latinoamérica tienen libertad de prensa. El resto de países se consideran como semi-libres o sin libertad de prensa. En el mundo árabe solamente Túnez goza de un estado semi-libre.
Si es bien, la muerte es el mayor precio que un periodista puede pagar;  en el día a día del periodista en estas regiones prevalece un sentimiento de incertidumbre y un constante estado de pánico y vigilancia. En la segunda parte de este artículo, abordaremos las condiciones de ejercer el periodismo: auto-exilios, desapariciones, ataques y otros. 

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