“Una trama de poder microscópico”
En otras partes de la región, como en Bahréin o Palestina, han surgido actos resistencia para impugnar la exclusión trazada a lo largo de líneas sectarias, así como étnicas. En estos casos, se ha impuesto un orden político a un gran número de personas, asegurando su acceso desigual a los recursos, tanto materiales como institucionales, sobre la base de criterios de discriminación reconocidos y no reconocidos. Al dejar en claro de qué esperaban liberarse, a través de muchos pequeños gestos y actos de resistencia, así como al organizar grandes manifestaciones, los movimientos de resistencia dragaron y dejaron al descubierto las llamadas formas de poder “una trama de Poder microscópico, capilar” (Foucault 1980).
“Los manifestantes han logrado avances importantes: no sólo obligaron al gobierno a cancelar sus planes para añadir tributaciones las personas que trabajan, han impuesto su agenda y están dando forma al discurso político en el país. El poder del pueblo está derribando los muros establecidos por la élite política sobre lo que es posible y no posible. Se está moviendo las líneas rojas de lo que es factible y lo que no lo es. Han derogado las reglas erigidas por aquellos en el poder y sus redes y están elaborando su propio conjunto de reglas. Y así es como surgen sistemas justos, democráticos y responsables.

Si bien los actos de resistencia masivos y evidentes (manifestaciones, protestas, disturbios, insurrecciones) llaman la atención sobre una situación insoportable, como se pretende, no salen de la nada. Por el contrario, pueden ser simplemente la expresión más obvia de lo que sucede en el momento en que algún evento catalítico pone de manifiesto resentimientos de larga duración. Tal evento resuena porque el terreno ha sido preparado a través de historias, poemas, canciones y una amplia gama de actos locales de desafío y resistencia, que las autoridades y los observadores externos no han visto o en la mayoría de los casos omiten u obvian.
Por lo tanto, las novelas, obras de teatro, poemas, películas, artes visuales, así como formas de expresión que van más allá de tales convenciones, no pueden descartarse como “meramente” culturales, o de poca relevancia para los tipos de resistencia que se ven en las calles de un país que sufre manifestaciones violentas. Por el contrario, la feroz atención prestada al control de tales asuntos por parte de las autoridades de todo el mundo, no solo en el Medio Oriente, da testimonio de su propio miedo al poder de la imaginación para estimular ideas de resistencia y proporcionarle una solución inmediata, en otras palabras, un repertorio de las “memorias de la resistencia”. De ahí que, se encuentren múltiples formas de expresión artísticas a lo largo de los países árabes como en Latinoamérica, por ejemplo, en Iraq o en Chile;
"¿Que quieres llegar a ser? ocupó un gran muro en la ciudad de Sadr, personificando las figuras de cuatro niños que tal vez se detuvieron para tomar una foto. Tres de ellos llevaban armas de fuego, mientras que el cuarto niño estaba de pie en la parte delantera, sonriendo y aparentemente totalmente indiferente sobre el arma que apuntaba directamente sobre su cabeza. Escrito a horcajadas a los niños fue la pregunta: "¿Qué quieres ser?" Es una pregunta que generalmente se hace a los niños. Las paredes adyacentes estaban cubiertas de signos de interrogación, potencialmente preguntando cuáles son las posibilidades para el futuro de esos niños, para todos los niños iraquíes. ¿Serán inevitablemente miembros de la milicia armada o sus víctimas, o existen hay otras posibilidades?
En concreto, uno de los temas comunes repetidos por los actores en los dramáticos eventos de 2011 y que se vuelve a repetir en el actual escenario desde Chile hasta Iraq fue la evaporación del miedo. Uno de los cantos en las calles fue “No hay miedo, no hay miedo, después de hoy no hay miedo”.
“Yo lo que he visto, de manera generalizada, es que la gente no respeta el toque. La mayoría de los manifestantes en Plaza Italia es gente que nació o creció en democracia. Y si bien el miedo está, nosotros no tenemos miedo. Porque no estamos en dictadura. […]  El toque fue una forma de disponer del cuerpo de las personas: "el miedo partía por hablar o no hablar de ciertos temas. Y de ahí, del discurso se pasaba a la disposición del cuerpo: dónde ibas, hasta qué hora. Y si no cumplías esa hora podía pasarte cualquier cosa: matarte, tirarte por allí y nadie respondería... Para las generaciones que se criaron en democracia eso no existió nunca, no le tienen miedo, no vivieron con eso encima. Por suerte.”
A su vez, la expresión de la pérdida del medio fue un sentimiento que se hizo eco de innumerables maneras desde las calles de Túnez, hasta la Plaza Tahrir de El Cairo y la Rotonda de las Perlas de Bahréin. Pero la presencia del miedo, es decir, el miedo a cuáles podrían ser las consecuencias de la oposición abierta a un sistema de poder opresivo, es testimonio del hecho de que existe tal oposición, de que el ejercicio del poder está resentido y de que la ciudadanía ha dejado de creer que el orden existente, en este sentido, el miedo es un síntoma de hostilidad. También es una respuesta perfectamente comprensible a la violencia de las fuerzas de ocupación militar o del estado de seguridad nacional. Más que eso, indica que el llamado “asombro del estado” [haibat al-Dawla] no fue más que el reconocimiento de la gente de que el estado podría hacerles daño. Esto aún podría sacudir su fe en su propia capacidad para actuar de manera efectiva o segura, pero no podría suprimir la idea de resistencia en sí misma.
En conclusión, sería posible proponer que las políticas de resistencia en todos los casos mencionados buscan seguir las líneas trazadas por el mismo poder, ya que también esta es de naturaleza capilar, ramificándose con ella, es decir, donde se encuentra poder también se encuentra resistencia. 
De ahí que, la resistencia no sólo toma las rutas obvias de la tenacidad física, sino que también sigue los caminos de la imaginación donde la resistencia al poder no sólo se cuenta, sino que también se valora. En efecto, las manifestaciones y protestas generan nuevas narrativas de la vida cotidiana que dan nuevos sentidos a los encuentros con el poder. Es por esta razón que los tipos de prácticas descritas como formas de “resistencia diaria” no pueden descartarse por su poca relevancia para proyectos de resistencia más grandes y más visibles.  Ya sea que tengan o no la intención de contribuir a un proyecto tan grande, su propia existencia, como las prácticas cotidianas aceptadas de los marginados y excluidos, puede preparar el terreno de una manera que las autoridades no pueden detectar.
En definitiva, la resistencia y las manifestaciones en Iraq con los tuk-tuk, o Chile la utilización de la Wiphala es también una forma para comprender los depósitos de imágenes y recuerdos que las personas utilizan cuando actúan políticamente. Pone de relieve los modelos que siguen para imaginar y organizar la resistencia a la dominación despreciada o inoportuna. Esto explica el poder resonante de los llamados al cambio de regímenes, o las canciones donde las palabras pueden haber sido alteradas para tomar el nombre de una figura de antipatía local, o incluso las formas de movilizarse para enfrentar a las fuerzas de seguridad ocupando espacio público. 
Por supuesto, los eventos no se desarrollan y no podrían desarrollarse de la misma manera en cada país. Sin embargo, lo que ha sido significativo en cada uno de estos países es la forma en que los repertorios de resistencia de toda la región se mezclan con las prácticas locales que durante mucho tiempo formaron hilos comunes, aunque dispersaron ampliamente los lugares de trabajo, los barrios urbanos, las aldeas y las ciudades provinciales involucradas.
Sin duda, por dramáticos que han sido los eventos, también fueron actuaciones a gran escala de acciones que se habían llevado a cabo en diferentes países durante varios años. Por lo tanto, a pesar de la inmediatez y la incertidumbre de los factores que hicieron que las manifestaciones en estos países tuvieran un efecto tan trascendental, serían difíciles de entender sin tener una idea de los acontecimientos de la década de 1980 cuando se produce el giro hacia un neoliberalismo de estado, la consolidación de estados autoritarios a los largo del Medio Oriente, la lucha de Palestina (Intifadas/ Hamas), la invasión de Israel al Líbano (Hizbullah), el sitio y bombardeo de Hama en Siria, la llamada “Primavera Bereber” en Argelia, la guerra Iraq-Irán, las matanzas hacia población Kurda en Iraq, la llegada al poder de Presidente Husni Mubarak a Egipto, y paralelamente la consolidación de las dictaduras Latinoamérica.  

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