Por Inti Sánchez - Costa Rica
Maya Shams nació en Emiratos Árabes Unidos, en el seno de una familia conservadora que venía de la Palestina ocupada. Tiene 27 años y hace más de 8 años, cuando cumplió 18 años, decidió abandonar su hogar para buscar libertades individuales ante lo impuesto por su familia.
Maya Shams en el Monasterio Noravank en Armenia.
Viajó primero a Estambul,Turquía y luego a Tbilisi, Georgia Después regresó  a Estambul para luego aventurarse a Nueva Delhi, India y Pokhara en Nepal para terminar en Beirut, Líbano. Lugar donde la conocí, trabajando en el hostel donde me hospedé cuando visité la ciudad mediterránea. Hace 4 años que vive en el Líbano pero sus planes para cambiar de nuevo de país siguen presentes; en ese momento quería ir a Ecuador uno de los pocos países que no le piden visa. 
Cuando me dí cuenta que era la primera persona no turca con la que podía hablar los tres idiomas que sé (Inglés, Turco, Español), la curiosidad me saltó y le pregunté ¿por qué sabía turco?Haber vivido en Estambul, saber Español y querer viajar a Latinoamérica causó una conexión instantánea.  
Me contó que en su primer año en Beirut había sufrido de discriminación por su acento y por haber dejado a su familia. Me empecé a preguntar cómo había logrado viajar sola y romper todos los estereotipos pese a venir de una sociedad tan conservadora. Creo que, comparado a nuestra sociedad, hay que tener el doble de valor si se quiere romper con la familia en este lado del mundo mucho más siendo mujer. 
Maya accedió a responder algunas preguntas y así poder echar una mirada a una historia no tan común de una mujer que lucha por su independencia, en una sociedad muy marcada por el conservadurismo.  
Hola Maya. Gracias por aceptar la entrevista. Me mencionó varias veces que la cultura de donde viene es muy sexista y conservadora. Razón por  la que escapó de su casa. Nos puede contar su historia. ¿Qué la llevó a cuestionarse la forma en la que la criaron y cuál es la relación con su familia ahora? 
Para contestar esta pregunta es muy probable que tenga que escribir un libro pero para hacerlo corto, creo que nunca me he sentido parte de esa cultura o de ninguna cultura desde muy joven. Todo empezó cuando tenía 6 años y en el kinder pregunté: “¿Por qué debería de temer a Dios si él me ama?” A lo que la maestra me golpeó en la cara y me dijo que no hiciera más preguntas.
O cuando tenían 9 años y empecé a usar hijab. Yo lo empecé a llevar para copiar a mis compañeras de clase, pero me aburrí y un mes más tarde me lo quise quitar y mis padres no me lo permitieron: “¿Que va a pensar la gente?” dijeron. Y me obligaron a usarlo hasta que me fui de la casa a los 18 años. 
Durante toda la vida mi padre me golpeó incluso cuando solo era una bebe, eso me lo confesó mi madre luego de un tiempo. La primera vez que mi padre me golpeó lo recuerdo con lujo de detalles fue a mis 7 años. Me castigaban por la más mínima cosa que dijera mal. Fue ahí cuando me di cuenta que siempre que viviera con ellos no podría cuestionar nada, no podría expresar mis pensamientos porque ellos nunca los entenderían
También fui acosada sexualmente por un tío y un primo, algo a lo que no me quiero referir a profundidad. Suficiente con decir que eso rompió la poca confianza que tenía con mis padres, pues ellos no me supieron proteger. En la escuela todas mis compañeras solo querían tener buenas notas, complacer a sus padres, casarse y tener hijos. Me sentía deprimida cuando escuchaba sus conversaciones. Nunca pude compartir con ellas mis ideas de libertad. Así que me las guarde para mí mientras que pasaba el tiempo.  
Entonces cuando descubrí la cultura occidental fue como descubrir el propio cielo. Musica punk, novelas de ficción y las películas extranjeras fueron mi refugio. Empecé a documentar todo lo que aprendía de esas fuentes, el tipo de vida que vivían y lo libre que eran. Como se expresaban y que tan despreocupados eran. Coleccionaba fotos y escribía mis propias opiniones sobre las películas que veía. Este mundo secreto me inspiró mucho. Llegué a escribir en una de las paredes cerca de mi cama, que un día iba a huir, sin saber que se volvería realidad unos pocos años después. 
Luego pasó algo que marcaría mi juventud. A los 16 años encontré una manera de tomar de tomar alcohol, es ilegal y muy difícil de obtener. No pensé en las consecuencias en ese momento solo quería rebelarme ante la vida que se me había impuesto. Tomar alcohol es pecado (haram) y uno va al infierno por eso. Tomé demasiado hasta quedar inconsciente. Cuando me desperté estaba en el hospital rodeada por dos mujeres policías que me llevaron a prisión, a pesar de las plegarias de mi padre. Me habían encontrado en la playa casi congelada. Estuve en la prisión por dos días. Durante los cuales se me insistía por parte de los policías que debía volver a los buenos pasos y leer el Corán. Cuando me juzgaron el juez me miraba con asco y mi padre no me veía a los ojos. El juez dijo que me deberían de castigar con 200 latigazos y 3 meses de prisión. En los Emiratos Árabes Unidos practican la ley del Sharia. Mi padre estaba demasiado avergonzado. Pero conocía a un hombre que podía levantar el castigo borrar el registro policías y que yo pudiera terminar la escuela. Mi familia me dejo de hablar y me sentía muy sola, pero luego el deseo de huir de ahí volvió con más fuerza. 
Apenas cumplí los 18 años huí de la casa, me encargue de que mis padres no me pudieran encontrar. Borré todas mis cuentas y formatee la computadora, quebré mi teléfono. Les envié una carta después de que llegué a Estambul. La envié primero a Australia, con un hombre, que luego se las envió a ellos. Estaba muy enojada y esta era la primera vez que les podía decir todo lo que sentía con libertad. 
Dos años después cuando estaba en la India un sentimiento muy fuerte me dijo que tenía que llamar a mi madre. Todavía recuerdo que cuando logré conseguir un teléfono después del segundo timbrazo mi mamá contestó. Me contó que desde que fui había estado esperando mi llamada todas las noches. Después de esa noche volví a estar en contacto con mi madre. Nos encontramos de nuevo 6 años después. Ninguna de las dos lloró, nos abrazamos he intercambiamos historias del tiempo que no estuvimos juntas. Solamente lloré un poco cuando nos despedimos, mis pensamientos estaban muy confusos. Por un momento creí que ya no sentía nada por mi familia y que tenía que olvidarlos; pero ahora todos estos sentimientos de amor me invadían de nuevo. 
Pasó otro año y mis dos hermanos menores se mudaron a Estambul para estudiar, mi madre los visitaba constantemente. En una de las ocasiones compartimos apartamento durante 5 días, fue un poco surreal. Mi madre había cambiado mucho y mis hermanos ya habían desarrollado cada quién su propia personalidad. Mi hermana me contó que después de que yo abandonara la casa, mis padres cambiaron la forma de criarlos y les dieron más libertades, respeto y amor. Eso me dio un poco de celos para ser sincera, pero a la vez me alegro porque no hubiera sido posible si yo me hubiera quedado en la casa. Mi hermana me dijo que estaba muy orgullosa de mí. Esas palabras significaron mucho y nunca las voy a olvidar. 
Ahora estoy en buenos términos con mi mamá y mis hermanos. No nos vemos muy seguido pero tengo su apoyo y respeto. Mi padre es el único que no he visto desde que me fui. Él es el más problemático de todos y el más porfiado. Aunque hace poco empezamos hablar por mensajes no creo que este lista para verlo aún. 
¿Cuáles han sido los principales retos de viajar sola como mujer palestina?
No lo sé realmente. Creo que el principal desafío fue cuando dejé la casa, dejé de pertenecer a un lugar y me sumergí en una aventura que nunca termina. Yo viajo para sobrevivir. No tengo casa, título universitario, ahorros, permiso de residencia, seguro médico o soporte financiero de nadie. Lo único que tengo es mi pasaporte y una fe ciega en lo desconocido. Los problemas que enfrento son más relacionados con la supervivencia que con las cuestiones de género. Aunque cuando pienso en un desafío podría ser caminar sola en las calles. He sido acosada muchas veces en Estambul y Beirut. He trabajado en bares y siempre ha sido un problema ir sola a casa por la noche. He tenido que defenderme varias veces y correr a casa. Siempre me deja nerviosa y enojada que una mujer no sea capaz de caminar de manera libre y sin miedo, no importa la cultura.  
¿De las ciudades que ha viajado en cuál se ha sentido más segura?
Irónicamente en la India. Cualquier miedo que sentía se veía opacado por lo feliz que me sentía que de ser libre y completamente yo misma. Mis miedos ahí me retaron positivamente y me sentí más segura que nunca a pesar del caos de ese loco país. 
En los últimos días las noticias acerca de ataques xenófobos en Estambul son  varias (más que todo contra Sirios). Me contó que en Líbano ha recibido discriminación por causa de su acento. ¿Durante el tiempo que estuvo en Turquía fue discriminada por algún motivo? 
Para decirle la verdad nunca fui discriminada en Estambul. Tal vez en esos años era diferente. Viví antes de que la guerra en Siria estallará. La gente en Turquía me recibió con los brazos y la mente abierta. Ellos fueron muy amables y me apoyaron mucho. Que fue precisamente lo que ocupaba cuando recién escapaba y no tenía idea de cómo sobrevivir sola.  También porque en los bares que trabajé eran más de la escena underground donde los hippies, intelectuales y artistas son los que más frecuentan. 
¿Qué piensa usted sobre los Turcos y el rol que están teniendo en la crisis de refugiados que Siria  está experimentando?
Honestamente no sigo la política entonces no puedo saber qué está pasando con los refugiados en Turquía. Pero si que hay un racismo visible con los refugiado en el Líbano que me disgusta, por lo que me puedo imaginar que lo mismo está pasando lo mismo en Turquía. Pero la gente que yo conocí por el mi paso en Turquía como dije antes fueron muy amables casi como ángeles. 
Me dijo que quiere viajar a Latinoamérica, ¿Por qué quieres viajar a Latinoamérica y no por ejemplo África o de nuevo Asia? 
Hace mucho tiempo que quiero viajar a Latinoamérica. Conocí a dos amigos Chilenos, Paz y Jaime en Estambul. Ellos me hicieron empezar con este sueño. Amé como se expresaban con el baile y la música. Siempre me ha llamado particularmente la atención esto. También la conexión con la naturaleza que hay, “Pachamama” como decía Paz. Tengo la sensación de que voy a calzar ahí al instante. El mismo sentimiento que sentí cuando estaba en la India. Me encanta Asia pero no me gusta volver atrás, me gusta explorar más y moverme hacia adelante. Un día me gustaría ir a África pero por el momento estoy totalmente decidida de ir a Latinoamérica. Por más cliché que suene “La tierra me llama.”
¿Qué espera de tu viaje a Latinoamérica? ¿Cree que pueda llegar a ser discriminada?
No tengo ninguna expectativa. No sé qué va a pasar cuando llegue ahí. Solo tengo algunas metas que quiero cumplir. Quiero aprender agricultura y trabajar con plantas. Quiero vivir lejos de la tecnología y escribir más. Quiero alejarme de las ciudades y vivir en el campo. No sé si voy a ser discriminada y no me importa mucho. Yo crecí siendo una extranjera y estoy acostumbrada a ser malentendida y desestimada. No busco agradar a nadie. Solo busco a Dios y formas de conectar con el universo en todos los caminos que voy.
¿Cuáles preconceptos cree usted que se tienen en Latinoamérica sobre el Medio Oriente?
Puede que no sepan nada del medio Oriente. Ya me puedo imaginar cuando me pregunten de donde soy y la sorpresa estalle en sus caras cuando sepan que soy de Palestina. Si saben de Palestina,no sé en realidad. He visto muchos rostros sorprendidos durante mis viajes. Primero en Turquía luego en Georgia y en la India pensaron que yo era de Israel o de Pakistán. Será interesante ver que pasa. 
Como Haber Latino buscamos crear una conexión entre Latinoamérica y el Medio Oriente. ¿Qué puntos en común piensa usted que existen entre las dos regiones?
Por lo que he experimentado con los pocos Latinoamericanos que se han convertido mis amigos es fácil comunicarnos entre nosotros. Tenemos el mismo sentido del humor. No hay reglas de cómo debemos hablar. Creo que hay muchas expresiones que sentí que las dos culturas compartimos. El baile y la música no es igual pero la forma en que las personas actúan es muy similar. Creo que también puede que nos parezcamos un poco físicamente. 
Muchas gracias por el tiempo. Alguna otra cosa que le gustaría agregar. 
Estoy agradecida por la libertad que he escogido y la posibilidad de irme a donde yo desee. Es algo que muchas chicas de mi cultura solo pueden soñar con. Soy verdaderamente bendecida de haber hecho realidad mi sueño de vivir con libertad y nunca lo voy a olvidar. 
Maya Shamas escribe en: https://mayashams.home.blog/

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